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Hace algunos meses y por circunstancias bastante lamentables, la Vereda La Loma comenzó a tener cierto protagonismo en los medios de comunicación. Pero no voy a hablar del éxodo, sino de la fuerza de un pueblo, porque fue la democracia la que permitió que los “lomeños” unidos, levantáramos nuestras manos y nuestras voces, para demostrar que como un Fénix surgimos de las cenizas del dolor, para erigir nuevamente nuestros sueños de libertad, de tranquilidad y dignidad.

El sueño de nuestro Centro de Integración para la Convivencia y los Derechos Humanos, ha dejado de ser una quimera, una abstracción, para entrar en el mundo de lo realizable y lo posible. Será ese espacio en el cual muchos pensamos sembrar esperanzas, porque no será una estructura más en esta ciudad, sino un lugar en el que el arte y la cultura, puedan potenciarse en nuestros niños y jóvenes.

La construcción de este espacio no borrará nuestro pasado, porque bien profunda es la fisura que ese pasado ha dejado en cada uno de nosotros, tampoco nos devolverá lo perdido y mucho menos será la solución definitiva para erradicar nuestros males; pero es un comienzo y sobre todo, es el fruto de nuestra unión y nuestro trabajo como comunidad; y es, además, un homenaje a aquellos que han partido, a aquellos a los que llamo, “ausentes presentes” porque ni la muerte ni la distancia podrán alejarlos de nuestros recuerdos.

Ya no queremos ser más el pueblo ignorado que soporta en silencio el yugo de la injusticia; y el sábado, 02 de noviembre, en la Jornada de  vida y  equidad, lo demostramos y ahora no habrá quien nos pare, porque como dicen, una sola golondrina no hace invierno, ¡pero que aguaceros y que tempestades puede provocar una comunidad unida, cansada de ser ignorada y olvidada por un gobierno!

Lo que ocurrió el sábado pasado no tiene precedentes en la historia de La Loma. Nos fuimos para el corregimiento en los buses, llenos de ilusiones pero también de incertidumbres, y regresamos llenos de certezas y satisfacciones. Cansados y con nuestras gargantas afectadas por los gritos, pero felices de saber que ya en nuestro horizonte comienza a vislumbrarse un mundo de posibilidades para nuestra Loma, tan abatida y golpeada, pero siempre con esperanzas.